"¿Quieres un whisky on the rocks? Tiene estilo, clase; mira que bonito se ve el minibar que tengo en la esquina del salón". Así de normal, así de cotidiano es el consumo del alcohol en nuestra sociedad, incluso dándote estatus dependiendo de lo que bebes. No es lo mismo un Cabernet Sauvignon de los valles centrales de Chile que un vino joven envasado al Tetra Pack o un Scotch de la Highland Park que uno distribuido por Carrefour.
Y es que a pesar de las abrumadoras estadísticas que rodean a esta droga, la marihuana, por otra parte, sigue siendo la mala de la película, o el patito feo de una familia que está más separada que nunca, careciendo de glamour y estigmatizada como la puerta de entrada una vida llena de perdición asociada con drogas más fuertes. Porque recurrente e insistente es el discurso que entre más lo leo, menos sentido tiene. El problema de la marihuana es que suele ser la catapulta ideal para comenzar a consumir cocaína, heroína, éxtasis o cualquier droga reconocida como de alto nivel adictivo, o al menos esa es la versión oficial que se encumbra como insignia en la lucha contra las drogas que afectan a la sociedad. Ahora bien, el punto interesante de este planteamiento es que la marihuana per se no posee características que generen conmoción y sólo queda recurrir a una falacia de falsa causa, donde realmente no se puede demostrar que el consumo de marihuana derive directamente en el consumo de otras drogas, ni que el consumo de drogas duras sea una consecuencia directa del consumo de marihuana.
Los efectos causados por el derivado de canabis no son tan impactantes en comparación con otro tipos de drogas que hoy gozan de un arraigo en nuestra cultura, como el tabaco o el alcohol. De hecho, si contrastamos el número de personas que mueren por el consumo de estupefacientes al año en el mundo, vemos que el tabaco se lleva la palma con más de 5 millones de víctimas, seguido por el alcohol que acopia a mas de 1.8 millones de muertos; la marihuana, por el contrario, sigue con un saldo a 0. De hecho, solo en Estados Unidos, el tabaco y el alcohol están entre las 3 primeras causas de muertes, compartiendo podio con la obesidad.
Sin embargo, la maquinaria persuasoria funciona, y es que aunque el tabaco tenga sus días contados debido al debilitamiento de las tabacaleras gracias a la condena social, que se propaga por el mundo, el alcohol está lejos de desaparecer. Esta droga, solo en España facturó casi 10 mil millones de euros en el 2008 y sigue posicionándose en el mercado, sobre todo entre los jóvenes, que hacen caso omiso a las alarmantes estadísticas que hacen referencia al consumo, y todo gracias a un discurso bien estructurado. Frente a esto, al parecer solo basta con agregar un "beba con moderación" o un "si va a beber no conduzca" para no dañar sensibilidades y solidarizar con la realidad y lo peor no es que sigan planteando una publicidad convincente usando estereotipos exitosos para seguir vendiendo, sino que funciona, es rentable y cada día, el alcohol suma fieles seguidores a sus lineas.
Como contraparte, el discurso en contra del marihuana va, inevitablemente, perdiendo fuerza. Curiosamente en los últimos años el consumo de esta droga en países desarrollados se ha disparado, pero no a la par con tráfico. Y es que también lo está haciendo el autocultivo y el consumo terapéutico, volviendo, poco a poco, a los inicios, donde la marihuana era el medicamento más consumido en el mundo hasta la llegada de la Aspirina. Frente al auge que está experimentando este sector y el debate de su legalización puesto en la mesa otra vez, los discursos inevitablemente se tienen que replantear. Holanda y Jamaica fueron solo la punta de un iceberg de la actualización ideológica que debe hacerse en este tema, asumiendo que la persistencia de los consumidores en el mundo aleja cada vez más la erradicación de la marihuana.
El problema sigue siendo el discurso alarmista que fija sus dardos hacia la marihuana, perdiendo el norte en una lucha que tiene como objetivo resguardar la integridad de nuestra sociedad, pero que a la postre se deja llevar por el encanto de un Martini. Un discurso que cierra las puertas al humo que inevitablemente se va a colar y que terminará ahogando las incongruencias de lo establecido.
1 comentario:
Me parece.
Creo que el problema no es la Marihuana, si no el que hace y quien es el que la consume.
Es cierto el último cigarro de la Canabis que probé fuen hace como 30 años, pero recuerdo que era re mala, además te raspaba caleta la garganta, pero los efectos eran como buenos, por que ni el mejor de los funerales te calmaba la risa. Pero cuando uno esta felíz, cuando está con la persona que ama, no requiere elementos extraños para reirse o para estar en paz. Ahora a los que les gusta fumar Marihuana porque es rico el sabor y lo que te produce en la garganta, entonces bien venidad la Planta Verde, que se la fume toda, lo que es a mi no me gusta. Prefiero degustar un buen Gin con Gin, con el Beafiter Gin, y quizas reirme un poco y estar en paz, como flotando.
Entonces el problema no es la Marihuana, si no el que espera y tiene nen la cabeza el que la fume, no vaya ser el caso de que los cogollos, te dejen un un estado de inconciencia conciente, que te acostunbres a estar "rico", mientras a tu lado, se cae el mundo, lloran, tus padres, tus hijos o tu esposa y tu como si....simplemente nada, es es el problema, pero tiene que ver con la formación valórica del fumador, no con la poble plantita, que además es como bonita.
MVB
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