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13 marzo 2010

De tragos, sangre y amistad

Todavía me duele. No la mano por la cantidad de puñetazos que le di; tampoco la cara, por el par que recibí, sino porque quedé con una impotencia increible, con ganas de destrozarle la cara, eso me duele. Era de esos tipicos weones jugosos confianzudos, pero en mala. De partida, cuando llegué al carrete, me webió por mi polerón amarillo: "así que por eso te dicen pollito. Yo pensé que era porque teníay una cagá de pico", y al saco de wea ni lo conocía.

No lo pesqué, pensé que estaba ebrio, además no me puede caer mal, asi como de entrada, el nuevo pololo de mi mejor amiga. Pero siguió molestando y no solo a mi, sino que a todos quienes compartíamos la tertulia, el encuentro después de meses sin vernos. Era un ser desagradable, con el que ni siquiera puedes conversar una anécdota, porque le encanta chaquetear y funar.
A pesar de todo, tenía que soportarlo al menos unas horas, por respeto a la Coté. Sin embargo, hay cosas que uno simplemente no transa.

Todo comenzó cuando María José me abrazó asi de cariñosa, casi nostálgica porque nunca nos vemos: lo típico. El estúpido le gritó y le pidió que conversaran de inmediato en una de las habitaciones. Todos quedamos como ¡plop! y no dijimos nada. Ella se paró y lo siguió a su pieza, donde los gritos no se hicieron esperar.

No era muy común mamarse una pelea de ese calibre en medio de un carrete, pero tampoco era de otro planeta. No obstante, a los minutos aparece la Coté caminando lentamente por el pasillo, con las manos cubriendo su rostro y muy chascona. Nos mira y ahí nos dimos cuenta que lloraba desconsoladamente, a pesar de la escena, eso no fue lo que nos dejó para adentro y me hizo perder la cabeza. A los segundos que ella había aparecido en penumbras por el pasillo, cae de sus manos, una gota de sangre y susurra "el weon me pegó"...
No una cachetada, no un empujón... solo un combo podía hacer sangrar por la nariz a una persona y solo un imbécil se lo propinaría a una mujer. Antes que la sangre llegara a la alfombra, yo ya corría hacia la habitación. Cuando entré, estaba el weon medio nervioso, medio asustado; no estoy seguro si alcanzó a decir algo, lo único que recuerdo es mis manos azotando su rostro, hasta que no se moviera.


Los detalles, al pasar las horas se nublaron, pero basta con decir que no recuerdo mucho, solo me contaron que entre tres me sacaron de encima del mal nacido, el que terminó en la posta, curandose uno que otro corte en la cara.


Nunca le había pegado tanto a alguién y nunca me había sentido tan insatifecho al golpear un rostro, pero se lo merecía, y no porque me cayera mal, sino porque le pegó a una amiga. Pero las vueltas de la vida son extrañas y sin saber cómo ni por qué, la Coté se puso en la buena con su pololo y estaba molesta conmigo, porque según ella se me había pasado la mano.


Puede que desde algún punto de vista tenga razón y no debí haberle pegado como lo hice, y quiza esto significa un quiebre en nuestra amistad, pero al menos tengo la tranquilidad de que mi conciencia está cómoda, porque simplemente, hay cosas que no transo.

1 comentario:

Rodrigo Vicencio dijo...

Es real el relato?
Si es así, el weon es un hijo de puta.
Yo habría hecho lo mismo en todo caso, en tu lugar. Y tampoco me sorprende que ella se arregle con el tipo y después quedes mal tú. Es más típico de lo que piensas. Después las minas se quejan que no las ayudan, cuando ellas tampoco se quieren ayudar.
Bueno, dejo mis saludos. Un abrazo!